EL “DERECHO” A LA ÚLTIMA PALABRA
Hay una satisfacción pequeña, algo mezquina y bastante universal en tener la última palabra. No hace falta que sea brillante. Ni siquiera que añada nada. Basta con que llegue después de la del otro. Un “pues eso”, un “tú sabrás” o ese “vale” que, según cómo se pronuncie, puede significar cualquier cosa menos conformidad. La conversación ha terminado, pero alguien ha dejado una bandera clavada en el terreno. No necesariamente tiene razón. Simplemente ha hablado el último. Para…