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Mes: diciembre 2025

Extraños en un tren. De anécdotas y recomendaciones literarias.

Extraños en un tren. De anécdotas y recomendaciones literarias.

El Alzamiento, de Pilar Urbano.

Fue en el trayecto de ida al Congreso Nacional de la APM, celebrado en Zaragoza. La delegación catalana casi al completo, coincidimos en la cafetería del tren, y allí charlábamos despreocupadamente, sin apercibirnos -o quizás si- de la presencia discreta de una mujer llamativamente menuda, y edad ya avanzada, que aguardaba su consumición, junto a la barra. En un momento dado, aquella señora, con una voz tan tenue que se diría susurrante, se dirigió a mi,  cuestionándome: Oye, perdona, ¿Qué congreso es ese al que vais todos? Yo, que ya me había dado cuenta de que mi interlocutora era mi admirada Pilar Urbano, me había dejado caer a su lado, con intención algo indefinida de entablar conversación con ella, o quizás solamente de hacerle notar  mi admiración, pero, mira tú por dónde, terminé -terminamos- por resultar objeto de interés de esta sagaz reportera de vieja escuela.

El caso es que, tras identificarnos como magistrados,  rápidamente desvié la atención hacia la propia obra de la autora, para definitivamente preguntarle abiertamente qué le traía por Cataluña, en la esperanza de que la proverbial locuacidad de esta extraordinaria relatora de historias, me diera algo con lo que hacer redonda la anécdota que estábamos viviendo.  Mi anhelo resulto correspondido. Pilar Urbano venía de entrevistarse en Lledoners con uno de los presos en la causa del uno de octubre. Creo recordar que se trataba de Oriol Junqueras. Se había puesto manos a la obra con un nuevo libro, aún sin título, sobre los acontecimientos que mantuvieron a España entera en vilo, en esos años de la segunda década del siglo, en que veíamos como aquella sensación de vivir el fin de la historia, tan característica de la estabilidad política y social previa a la crisis del 2008, se desmoronaba, de manera que todo cuanto se daba por hecho, aparecía entonces como un constructo artificial que podía quedar hecho añicos de un momento para otro.

Cuando nos bajamos del tren en Zaragoza, nos despedimos, no sin inmortalizar el encuentro con una fotografía, quedando, desde aquel momento, pendiente del lanzamiento más o menos inminente de un libro de nombre incierto pero temática perfectamente definida.

Así hasta que, en 2023, sale a la luz El alzamiento, un libro de ensayo y análisis político en el que Pilar Urbano aborda los acontecimientos relacionados con el 1 de octubre de 2017 (1-O) en Cataluña.

La autora, que  sostiene que el 1-O fue el resultado de un proceso planificado y sostenido en el tiempo por el independentismo catalán, califica  los sucesos como “alzamiento” contra el Estado, con el objetivo de romper la legalidad constitucional de 1978. El libro analiza el papel de los líderes políticos catalanes, las instituciones autonómicas, las movilizaciones ciudadanas y la estrategia de desobediencia institucional.

La autora también examina la respuesta del Estado, criticando lo que considera una actuación tardía, débil o vacilante del Gobierno central y de otras instituciones, lo que, según ella, permitió que el conflicto escalara hasta una situación de grave crisis institucional.

Como en otras piezas de Urbano, el enfoque es más periodístico y argumentativo que académico, y hace gala una vez más de rasgos polémicos del estilo de la autora, como por ejemplo, los habituales extractos aparentemente literales de conversaciones no públicas entre los protagonistas de sus opúsculos, cuya exactitud no parece acreditable, al no recogerse las fuentes que permiten a esta experimentada reportera atreverse a ofrecernos dichos diálogos con tamaña precisión. Y es que, si la capacidad periodística de Pilar Urbano es incuestionable, y su aptitudes como narradora de relatos de indudable valor histórico es excepcional, sin embargo, el empleo de esta técnica a caballo entre lo periodístico y la ficción, permite a sus críticos, cuestionar el rigor del trabajo de campo.

En conjunto, El alzamiento es una obra que pretende interpretar el 1-O como punto de inflexión histórico, alertando sobre los riesgos que, a juicio de la autora, el secesionismo supone para la democracia y el Estado de derecho en España. Sin duda, como sucede habitualmente en los libros de Pilar Urbano sobre eventos trascendentales de la historia reciente -v.gr., La Gran Desmemoria, acerca de los acontecimientos que precedieron al 23 F- lo más interesante es como la autora pone el foco es la trastienda de la historia. Es ahí donde incurre en el mentado uso de emplear extractos literales ciertamente libres, pero, para que nos vamos a engañar, también es en esos relatos de lo que sucede detrás de los grandes titulares, donde el trabajo de Pilar Urbano se distingue del resto de analistas de nuestra historia reciente. No lo olvidemos, no es Pilar Urbano una historiadora de corte académico, sino una vieja reportera reconvertida en analista con ventaja, de lo que recientemente ha sido actualidad política, y que se va, poco a poco, convirtiendo en historia contemporánea.

En El Alzamiento, ese intríngulis urbaniano, aparece representado en la descripción del juicio, tanto en sus aspectos procesales y sustantivos esenciales, ya conocidos sobradamente, como, en especial, en el escrutinio psicológico de sus protagonistas, y en la narración de lo prosaico. Desde la comida de los magistrados, hasta el traslado de los detenidos hasta un Palacio de las Salesas, carente de calabozos.

Sin duda, una bonita anécdota que me da pie a una entrada del blog, y a una recomendación literaria, perfecta para la desconexión navideña.

Manuel Eiriz García.

Magistrado

ÓPERA Y DERECHO (I). Madama Butterfly.

ÓPERA Y DERECHO (I). Madama Butterfly.

Madama Butterfly, de Giacomo Puccini, es una de las óperas más conmovedoras del repertorio operístico. La música, que tiene algunos motivos japoneses, es propiamente pucciniana. Se trata de una tragedia japonesa en tres actos, basada en el cuento homónimo de John Luther Long (Century Magazine, 1898) -inspirado en las experiencias de su hermana en Japón y en la novela «Madame Chrysanthème», de Pierre Loti-, y en la obra de teatro del productor y dramaturgo David Belasco (1900). El desgarrador romance entre Cio-Cio-San y el (antipático) teniente Pinkerton quedó inmortalizado a través de la música de Puccini, aunque el estreno en el Teatro La Scala de Milán el 17 de febrero de 1904 fue poco agradecido (Puccini lo calificó de «linchamiento»).

La obra narra la historia de una geisha de quince años (Cio-Cio-San, Butterfly, porque revolotea como una mariposa), que se enamora perdidamente del teniente estadounidense Pinkerton, que presume de tener un amor en cada puerto: «En cualquier lugar del mundo / el yanqui vagabundo / se divierte y vive despreciando riesgos / Echa el ancla a la aventura / … / la vida no le satisface si no se apropia / de las flores de cada lugar». Él la toma como un pasatiempo y la abandona tras casarse con ella, lo que la lleva a ser repudiada por su familia («¡Ha renegado de todos nosotros! / Ha renegado, os digo… / del antiguo culto!»). Pinkerton se casa, pero no está seguro de lo que siente por la joven japonesa: «Amor o capricho, no sabría qué decirle».

Butterfly pasa tres años sin saber nada de Pinkerton, aunque está convencida de que volverá (“un bello día veremos / alzarse un hilo de humo / en el lejano horizonte del mar / Y entonces aparece la nave / después la nave blanca / entra en el puerto, atronando con su saludo / ¿Lo ves? ¡Él ha vuelto!…), e incluso rechaza a un príncipe pretendiente (Yamadori), alegando que sigue estando casada («Mi fidelidad / ya está comprometida… / Se cree que sigue casada / ¡No me creo casada, lo estoy!».

Cuando Pinkerton regresa a Japón, con una (nueva) esposa estadounidense (Kate), descubre que ha tenido un hijo con Butterfly («¿Quién ha visto nunca a un niño del Japón con los / ojos azules? / ¿Y esos labios? ¿Y esos ricitos de oro puro?») y decide llevárselo a Estados Unidos: «¡Ah, triste madre! / ¡Abandonar a mi hijo! ¡Así sea! ¡A él le debo obedecer!».

Pinkerton, vencido por la emoción, del recuerdo del amor, y por el remordimiento, huye como cobarde: «Adiós, refugio florido, / de alegría y amor. / Siempre veré su dulce rostro / con atroz tormento». El trágico final se vislumbra fácilmente: ante la ausencia de amor, la desesperación, la renuncia a su hijo y el desengaño la llevan a suicidarse: «Con honor muere quien no puede vivir con honor».

Más allá de la historia, la ópera permite observar temas jurídicos, como la validez del matrimonio internacional, la custodia de menores y los abusos derivados de asimetrías de poder, que hacen cuestionarnos sobre los derechos humanos y la protección de los sistemas jurídicos ante situaciones de abuso.

El núcleo dramático nace de un matrimonio celebrado en Nagasaki entre Pinkerton y Butterfly. Desde una perspectiva jurídica, se trata de un matrimonio sujeto al conflicto de leyes: ¿se rige por la legislación japonesa o debe reconocerse según el Derecho estadounidense? ¿Qué norma internacional resulta aplicable para tratar las cuestiones de este matrimonio y las medidas personales y patrimoniales?

En la trama, Pinkerton lo concibe como un contrato temporal, prácticamente anulable a voluntad, mientras que para Butterfly es una unión plena y definitiva. Canta Pinkerton, en una escena en que es advertido por Sharpless (Cónsul de los EEUU en Nagasaki) de que podría ser todo un capricho: «Por el día en que me case / en una boda verdadera,  / con una novia americana». Esta divergencia pone de relieve la importancia del consentimiento y de la interpretación cultural de las instituciones jurídicas.

En un momento determinado, tras hablar con Yamadori, en el diálogo entre Butterfly y Goro: «Pero la ley… / No sé nada de eso / Para la mujer el abandono se equipara al divorcio / Ésa es la ley del Japón, no la de mi país / ¿Cuál? / Los Estados Unidos … / Ya se sabe que aquí abren la puerta / y echan a la mujer con cajas destempladas y lo llaman divorcio./ Pero en América las cosas no son así… / Allí un juez como dios manda, / serio y en su sitio, le dice al marido: / “¿Usted quiere divorciarse? / Oigamos sus razones” / “¡Estoy aburrido de estar casado!” / Y el magistrado le dice: / “¡Ah, desvergonzado, venga, a prisión!”».

Por otra parte, Butterfly es una adolescente, lo que plantea cuestiones sobre la capacidad legal para contraer matrimonio y la posible existencia de vicios en el consentimiento. El casamentero Goro actúa como agente con claros conflictos de interés, y Pinkerton se aprovecha de un entorno jurídico que le favorece como extranjero, pues se siente impune, lo que permite un análisis desde la perspectiva de la protección de menores y la prevención de matrimonios forzados o simulados.

Tras la marcha de Pinkerton, Butterfly da a luz a un hijo. El regreso del oficial, acompañado de su esposa estadounidense, abre uno de los dilemas más relevantes: la custodia internacional de menores. Pinkerton desea llevar al niño a Estados Unidos, asumiendo que su condición de ciudadano norteamericano prevalece sobre cualquier vínculo materno. La ópera conduce a debates actuales  sobre sustracción internacional de menores, la primacía del interés superior del menor y los derechos de custodia en contextos transnacionales. El sufrimiento de Butterfly evidencia la ausencia de mecanismos efectivos para la protección de su rol materno y de su hijo.

Pinkerton actúa en toda la ópera desde una posición privilegiada (económica, jurídica y militar), pues sabe que su conducta no generará consecuencias legales en su país. Ese contraste con la situación de indefensión de Butterfly, en cuanto menor de edad, provoca el planteamiento de la impunidad transfronteriza y la necesidad de proteger, desde el contexto de los derechos humanos, a quienes se encuentran en situación de vulnerabilidad. La misma escena de la boda hace comprender que existe esa asimetría: «Se concede al llamado / Benjamin Franklin Pinkerton, / teniente en la cañonera Lincoln, / Marina de los Estados Unidos, América del Norte: / y a la señorita Butterfly / del barrio de Omara, Nagasaki, / unirse en matrimonio, / por derecho el primero, y por su propia voluntad, / y a ella por acuerdo de sus parientes…».

Madama Butterfly, más allá de su música sublime, advierte sobre los riesgos del desequilibrio jurídico entre personas de distintas culturas, y de las consecuencias sobre las personas más vulnerables, en este caso, una mujer -con el peso cultural del Japón de la era Meiji-, y un niño que es trasladado por un padre que acababa de conocerlo y que su esposa afirma querer cuidarlo como si fuera suyo, y que abre la puerta a tratar otros temas como la gestación subrogada. La ópera invita a reflexionar sobre la necesidad de un Derecho sensible a los conflictos internacionales de Derecho de familia, que ponga el foco en la protección de la dignidad humana, y permite un análisis jurídico de diversas instituciones desde el prisma del Derecho internacional privado.

José Ramón de Blas.

APM Comunidad Valenciana.

JUSTICIA INDEPENDIENTE, GARANTIA DE DEMOCRACIA.

JUSTICIA INDEPENDIENTE, GARANTIA DE DEMOCRACIA.

Como todos sabéis en estos días hemos celebrado el XXVII Congreso Nacional de la Asociación y el eslogan elegido para el Congreso no es que sea acertado en los tiempos que corren, es que es un imperativo categórico; si en un Estado de Derecho no hay una justicia que tenga capacidad para garantizar los derechos de todos los ciudadanos por igual, no habrá democracia. Si en un Estado de Derecho hay un Poder Judicial que es denigrado constantemente por los otros poderes del Estado sin que los mecanismos de defensa funcionen correctamente no habrá democracia.

En los últimos años, y en especial en las últimas semanas, estamos asistiendo a un ataque feroz a la independencia del Poder Judicial, no sólo hacia los Magistrados del Tribunal Supremo, sino también hacia cualquier Magistrado, Magistrada, Juez o Jueza que ose abrir una causa o tener que resolver algún asunto relacionado con alguna persona o cuestión que sea de interés para el “poder político”, porque esto no va de siglas de partidos o ideologías, sino de un ataque permanente por quienes representan al pueblo español en el Gobierno de la Nación, en los Gobiernos autonómicos o en las Cámaras Legislativas tanto de las Cortes Generales como Asambleas Autonómicas.

Sostienen dichos representantes del “poder político” que el Poder Judicial no está exento de críticas, y que desde la libertad de expresión se puede decir lo que se quiera.  Pues no, eso no es así. Una cosa es la crítica jurídica con relación a un determinado asunto una vez resuelto, y otra muy distinta son las injerencias constantes, los ataques permanentes a la independencia judicial y el acoso mediático al que se somete a los Magistrados que están conociendo del asunto.

Cuando se dicte la Sentencia, critique usted desde un punto de vista jurídico-doctrinal porqué a su juicio procedería haberse hecho una cosa distinta de la realizada, pero mientras el enjuiciamiento se está produciendo, lo democrático, lo procedente para garantizar la independencia del Poder Judicial no es proclamar a los cuatro vientos la inocencia del acusado desde la primera tribuna que se pise, plató de televisión o inauguración de obra pública.

No, esto no es libertad de expresión, esto es presionar a quién está juzgando para que emita una Sentencia en el sentido que se quiere por parte de poderes que no integran el Poder Judicial.

Imputar de un delito de prevaricación o sedición a Magistrados porque el fallo no se ajuste a los intereses privados de determinadas personas o colectivos, e incitar a una movilización ciudadana para ir en contra de unos Magistrados por haber emitido un parecer jurídico razonado, o invitar a otros órganos judiciales a “corregir” lo realizado por un Tribunal en el ejercicio legítimo de sus funciones supone un ataque frontal a la independencia judicial que debe parar.

Debe parar porque no todo vale por querer ganar el relato. La democracia tarda mucho en conseguirse y muy poco en destruirse.

El Poder Judicial es esencial para un verdadero Estado Democrático de Derecho; el Poder Judicial emana del pueblo español, al cual debe su legitimidad. No se puede poner falsamente en duda esa legitimación del Poder Judicial porque se ganará el relato esa semana, pero se perderá la confianza ciudadana en la justicia, y ello resulta muy grave en un Estado de Derecho, aunque no se quiera ver.

El Sr. ministro de Justicia vino a la clausura del Congreso y pidió que le escuchásemos más allá de la posición de la Asociación, como si la voluntad de la Asociación fuese distinta de la de sus asociados que éramos los que le escuchábamos, en fin… . Nos dijo que las grandes reformas en materia de justicia nunca habían gustado a los jueces y con esto pretendía, no sé si justificar el rechazo a su reforma queriendo decir que siempre estamos en contra de todo lo que se pretende modificar en justicia. Hizo mención a la fuerte oposición que tuvo la actual Ley Orgánica del Poder Judicial de 1985 en aquel momento, lo que olvidó decir es que quizás fue duramente criticada por la judicatura porque reformó el sistema de elección de los vocales del Consejo General del Poder Judicial hacia un sistema de elección en el que se permitía una fuerte injerencia de los dos grandes partidos políticos en la elección de los vocales del Consejo y que desde Europa se nos ha invitado a cambiar.  

Efectivamente, todas las grandes reformas a las que se ha enfrentado la justicia habrán servido para llevar a esta a otro estadio, como por ejemplo su digitalización, pero desde luego no al de la plena independencia del Poder Judicial.

La plena independencia del Poder Judicial pasa por una plena independencia económica, una suficiencia de su plantilla orgánica, una independencia del Poder Ejecutivo, bien nacional o autonómico, del personal al servicio de la Administración de Justicia y dependiente únicamente del Poder Judicial, una mayor independencia de la Fiscalía que a su vez tiene como misión velar por la independencia del Poder Judicial.

De la nueva reforma planteada por el Gobierno con relación a la Oficina Judicial ninguna de estas aspiraciones para conseguir la plena independencia se ha materializado.

Resulta extraño que según va avanzando la andadura democrática de España el sentimiento de menor independencia del Poder Judicial sea mayor, cuando la lógica indicaría que según se van observando las debilidades del sistema, éstas se eliminen, no que se incrementen.

Sin embargo, y ya que se acerca la Navidad, intentaremos contagiarnos de ese espíritu de esperanza  propio de estas fechas, y reproducir en nuestras mentes esas frases de los ciudadanos que a todos nos llegaban cuando nos manifestamos en el mes de junio en contra de otra reforma que atentaba, nuevamente, a la independencia de la carrera judicial a través de su sistema de acceso, de que los ciudadanos están con su Poder Judicial, “¡ No estáis solos!, con el suyo, con el del pueblo español del cual emana la justicia, es decir, su Poder Judicial.  

Sonia Martín Pastor