OPOSITORES

OPOSITORES

Con exámenes como los que se están realizando y se van a realizar en diferentes oposiciones, creo que es un momento oportuno para mandar desde aquí ánimo a los opositores.

Voy a comenzar con una frase de Muhammad Ali:

“Entrena mientras ellos duermen, estudia mientras ellos se divierten, persiste mientras ellos descansen y vive lo que ellos sueñan”. 

Creo que lo dijo Muhammad Ali, aunque también pudo haberlo dicho Churchill, Gandhi u otro personaje histórico al que se le atribuyan citas lapidarias como esta.

Lo importante es el contenido. El opositor, lector, conocerá algún compañero de fatigas que no tiene problema por estar encerrado durante el tiempo que haga falta para estudiar lo más posible y que, difícilmente, falla ante su preparador. No sólo estudia sino que lo hace muy bien, está muy feliz, tiene pareja y se va de vacaciones.

Este compañero de fatigas no va a tener tiempo para leer esto. Estará estudiando y aprovechando al máximo cada momento del día para asentarlo todo y hacer un buen examen. Voy a dedicarme a los otros: los que, en algún momento de desánimo, cuando flaquean las fuerzas, se dejan caer por redes sociales para distraerse de un “mal día de estudio”. Esos otros que se encuentren ansiosos frente a un examen. Que no saben si llevan lo suficientemente bien el temario. Que dudan entre dejar de estudiar algún tema o terminar de aprendérselo a pocos días de un oral. Esos que se siguen frustrando cuando algún tema no les sale como debiera.

Y lo primero que deben saber es que es normal sentirse así porque las oposiciones son exigentes y generan inseguridad. Cada día se enfrentan retos, pero no todos los días se tiene ánimo y aunque se necesita intensidad es muy difícil tenerla a diario. Si se pretende exprimir cada hora de estudio, cuando uno no despliega todo su esfuerzo o, simplemente, ocurren cosas, el resultado no es el esperado.

Lo he comentado alguna vez y Dios me libre de explicárselo a quien lo vive, pero conviene no perder la perspectiva: las oposiciones son muy duras, todo el día estudiando, con un día libre a la semana, no por tener ocio, porque difícilmente hará algo más que descansar, sino para seguir estudiando los siguientes seis días, sin tener claro si eso le va a llevar a un trabajo que le guste o, siquiera, si va a conseguir hacerlo.

Por eso, cada día el opositor se levanta para esforzarse al máximo y cumplir con lo que su preparador le pide, superando cualquier variable que pueda ocurrir. A veces no sale bien, y llega el desánimo, creando la duda.

Pero sí que se consigue, aunque no se sea aquel opositor que cumple con todo. Aunque no se este concentrado siempre, ni se sepan hoy todos los temas perfectos. Incluso, aunque se falle ocasionalmente ante el preparador.

Una actitud que siempre me pareció inspiradora (no se si cierta, como lo de las citas de antes) se encuentra en la cultura norteamericana: está bien visto el fracaso. En un principio no la comprendí bien, dudaba mucho de que se aplaudiese a quien falla. Con el tiempo entendí que se referían a que para llegar al éxito hay que ser constante en los esfuerzos y continuar, a pesar de los fracasos. Parten de la premisa de que de los fracasos se aprende. Efectivamente aplauden a quien falla, porque lo intenta y se esfuerza por conseguir el acierto.

Lo explicó Edison (otra vez, sin saber si es cierto, pero el lector cómplice sabrá disculparme) cuando le preguntaron por qué insistía en hacer una bombilla cuando, al intentarlo mil veces, no había más que fracasado. Él dijo que no eran fracasos, sino que había descubierto mil formas de no hacer una bombilla. Al final inventó la bombilla y alguna cosa más (además de dejar una frase fenomenal para la posteridad).

Esta inspiración sirve hoy para que el lector, opositor, recuerde que es normal tener fracasos en el camino hacia el éxito. Fracasos que tienen cierta importancia, pero no la de justificar la frustración o el desánimo. Fracasos que servirán de acicate, con cierta perspectiva, porque se aprenderá de ellos la “forma de no hacer una bombilla”. Y llegará la luz (licencia poética que me ha resultado irresistible, disculpas).

Por eso, aunque no se sea ese opositor modélico, se puede tener la constancia y el esfuerzo necesarios para aprobar, lo que requerirá trabajo y relativizar (nunca trivializar) los fracasos a los que se vaya enfrentando para aprender, no sólo el contenido de la oposición sino, más aún, el carácter necesario para enfrentarla.

Mucho ánimo.

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Alejandro González Mariscal de Gante

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