{"id":1146,"date":"2024-09-19T07:15:42","date_gmt":"2024-09-19T07:15:42","guid":{"rendered":"https:\/\/enjusticia.es\/?p=1146"},"modified":"2024-09-19T07:15:44","modified_gmt":"2024-09-19T07:15:44","slug":"la-pena-de-muerte-en-el-primer-codigo-penal-de-la-historia-de-espana-y-v","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/enjusticia.es\/?p=1146","title":{"rendered":"LA PENA DE MUERTE EN EL PRIMER C\u00d3DIGO PENAL DE LA HISTORIA DE ESPA\u00d1A ( y V)"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">JUSTIFICACI\u00d3N Y CIERRE.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mediaba el a\u00f1o 2011 cuando alguien me hizo llegar un facs\u00edmil, del C\u00f3digo Penal de 1822, el primero de la serie hist\u00f3rica espa\u00f1ola.&nbsp; La edici\u00f3n facs\u00edmil de una ley, si se piensa bien, se cuenta entre&nbsp; las cosas m\u00e1s perfectamente prescindibles con las que uno puede ocupar espacio en su librer\u00eda. No es, por m\u00e1s que se la mire con impostado cari\u00f1o, otra cosa que la reproducci\u00f3n en papel moderno, de una norma derogada. Su ausencia de vigencia jur\u00eddica solo es comparable a la carencia del m\u00e1s m\u00ednimo valor material.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero el caso es que a aquel opositor borracho de motivaci\u00f3n y de idealismo, las letras de imprenta antigua con las que se plasmaba en el castellano alambicado de la \u00e9poca la obra del legislador del trienio, le alimentaban un sentido de la&nbsp; trascendencia y de la responsabilidad hist\u00f3rica quiz\u00e1s na\u00edf, pero que entronca con la vocaci\u00f3n abstracta de servicio p\u00fablico que un d\u00eda nos motiv\u00f3 a todos para ser jueces, y que entonces a\u00fan permanec\u00eda inc\u00f3lume, al no haberse enturbiado con el malsano polvo del camino.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pues bien, resulta que hace ya un a\u00f1o, sin pretenderlo en absoluto, adquir\u00ed un compromiso con el librito de marras. Lo que iba a ser una \u00fanica entrada del blog se ha convertido casi en una serie. Aquel primer op\u00fasculo demostr\u00f3 que la tem\u00e1tica elegida resultaba inabarcable para una aproximaci\u00f3n tan breve, de modo que decid\u00ed descomponerlo en dos partes, que luego devinieron tres, cuatro, y definitivamente tocan a su fin con esta quinta y definitiva entrada. Y es que, aunque el estudio que aporto no tiene vocaci\u00f3n de exhaustividad exeg\u00e9tica, no me puedo sustraer ya del m\u00e9todo elegido, de modo que donde una vez decid\u00ed recoger en su totalidad la regulaci\u00f3n de esta instituci\u00f3n jur\u00eddica anacr\u00f3nica, brutal, y a la vez consustancial a la idea misma de sociedad humana desde la noche de los tiempos, ya no pod\u00eda dejar sin m\u00e1s abierta la cuesti\u00f3n <em>ad aeternum <\/em>por puro agotamiento del tema, ni concluirlo con un lac\u00f3nico <em>s\u00b4acabao, <\/em>al final de uno cualquiera de los art\u00edculos anteriores.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed, investido de esa pesada sensaci\u00f3n de compromiso personal sobrevenido, me dispuse a afrontar la que, sin duda alguna, deb\u00eda ser \u00faltima aproximaci\u00f3n al jorobado asunto. Una aproximaci\u00f3n que, a la postre, va a resultar sensiblemente m\u00e1s breve de lo que pensaba pues cuando he retomado la tarea, me he topado con una realidad inesperada. Aquel legislador prolijo que no por liberal dejaba de ser un hombre de su tiempo, contemplaba la pena de muerte como consecuencia justa para un n\u00famero extraordinariamente alto de conductas punibles. Pero de entre esa larga lista de causas adecuadas para una cita con el garrote ya s\u00f3lo nos queda por exponer tres. Art\u00edculos 787, 791 y 792, que bajo la r\u00fabrica <em>De los Incendios y otros Da\u00f1os<\/em>, integran el Cap\u00edtulo VIII, del T\u00edtulo&nbsp; III, dentro de la Parte Segunda.&nbsp; As\u00ed que hoy, conectando con ese compromiso que naci\u00f3 hace un a\u00f1o, y a\u00fan m\u00e1s, con aquel opositor apasionado, doy por definitivamente agotada esta veta de inspiraci\u00f3n que tan oportunamente -y oportunistamente- hall\u00e9 en una plomiza noche de junio en Le\u00f3n. Vamos que despu\u00e9s del \u00faltimo punto y aparte, puedes, querido lector, a\u00f1adir tu mismo en alta voz aquello <em>de S\u00b4acabao<\/em>, quiz\u00e1s impostando la voz de un bandolero de la Serran\u00eda ronde\u00f1a, que es lo propio de la \u00e9poca y la tem\u00e1tica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed pues, ah\u00ed va.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>DELITOS CASTIGADOS CON LA \u00daLTIMA PENA.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">PARTE SEGUNDA.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De los Delitos contra los Particulares.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">T\u00cdTULO TERCERO.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De Los delitos contra la propiedad de los particulares<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">CAP\u00cdTULO OCTAVO<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De los incendios y otros Da\u00f1os<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El <em>Art. 787 castiga la conducta del incendiario bajo la siguiente dicci\u00f3n literal&nbsp; \u201cCualquiera que con intento de hacer da\u00f1o hubiere puesto fuego \u00e1 alguna casa , choza, embarcaci\u00f3n \u00f3 cualquier lugar habitado , \u00f3 \u00e1 cualquier edificio que este dentro de un pueblo \u00f3 contiguo \u00e1 \u00e9l , aunque no est\u00e9 habitado , \u00f3 \u00e1 materias combustibles puestas en situaci\u00f3n de poder comunicar natural y ordinariamente el fuego \u00e1 dichos lugares , ser\u00e1 castigado con la pena de trabajos perpetuos\u201d, <\/em>precisando a continuaci\u00f3n que se<em> castigar\u00e1 \u201ccon la de muerte si falleciere abrasada alguna persona , aunque no se hubiere propuesto abrasarla el incendiario. Si con este prop\u00f3sito hubiere causado la muerte por medio del incendio, ser\u00e1 castigado como asesino\u201d. <\/em>Se trata de un supuesto de imposici\u00f3n de la pena capital desconectado, por lo tanto, de la vocaci\u00f3n directamente dolosa en primer grado, de causar la muerte de una persona, siempre que el incendio se hubiera cometido causalizado en la intenci\u00f3n de hacer da\u00f1o en un lugar habitado, mientras que si el incendio hubiera sido causado con la intenci\u00f3n de provocar la uerte de una persona, el reo lo ser\u00e1 de asesinato, en los t\u00e9rminos del art\u00edculo 609.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El art\u00edculo 791 recoge una l\u00f3gica punitiva semejante al art\u00edculo 790 aplicado a la utilizaci\u00f3n de minas u otros ingenios para destruir edificio habitado, con arreglo al siguiente tenor literal<em>: \u201c Cualquiera que con intenci\u00f3n de hacer da\u00f1o socavare, minare \u00f3 empleare cualquiera otro medio para derribar , arruinar,&#8217; volar, anegar \u00f3 destruir de otro modo edificio o lugar habitado , 6 llegare \u00e1 causar alguno de estos efectos en todo \u00f3 en parte considerable , ser\u00e1 castigado con la pena de trabajos perpetuos, y con la capital, si por alguno de estos medios causare , aunque sin intentarlo , la muerte de alguna persona. Si la hubiere causado con intenci\u00f3n , ser\u00e1 castigado como asesino. Si no hubiere pasado de la preparaci\u00f3n , sin llegar \u00e1 causar efecto alguno, sufrir\u00e1 la pena de ocho \u00e1 catorce a\u00f1os de obras p\u00fablicas; escepto si hubiere desistido voluntariamente antes de ser descubierto , en cuyo caso se eximir\u00e1 de pena : pero en cualquiera de estos casos se le podr\u00e1 obligar \u00e1 que d\u00e9 fiador de su buena conducta, \u00f3 \u00e1 que salga desterrado del pueblo y veinte leguas en contorno por el tiempo de tres \u00e1 seis a\u00f1os.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con el fin de ampliar la conducta del que a trav\u00e9s de la destrucci\u00f3n dolosa de un inmueble causare la muerte de una persona, tambi\u00e9n a los supuestos de destrucci\u00f3n de una embarcaci\u00f3n -equiparaci\u00f3n que en el caso de los incendios recoge el propio art\u00edculo 790-&nbsp; se dispone en el&nbsp; Art. 792 lo siguiente:<em> \u201cLas mismas penas, y con las mismas distinciones establecidas en el art\u00edculo precedente, sufrir\u00e1 el que hubiere taladrado alguna embarcaci\u00f3n, \u00f3 hecho en ella de otro modo alguna abertura para que se hundiese \u00f3 naufragase , \u00f3 maliciosamente la hubiese hecho estrellar \u00f3 varar.\u201d<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed, y sin \u00e1nimo de reiterarme, doy por agotada mi&nbsp; modest\u00edsima aproximaci\u00f3n al tema. El C\u00f3digo Penal, obra entonces avanzad\u00edsima, producto de una \u00e9poca que empez\u00f3 con aquel <em>marchemos todos juntos y yo el primero por la senda constitucional<\/em>, para terminar tres a\u00f1os despu\u00e9s con la brutal imagen del Coronel Riego arrastrado hasta el pat\u00edbulo instalado en la Plaza de la Cebada, ofrece un campo de estudio ciertamente inagotable por su ubicaci\u00f3n en la historia moderna de Espa\u00f1a y de Europa.&nbsp; En todo caso te invito, lector, a que eches un vistazo a las primeras entradas, que desde una visi\u00f3n mucho menos particularista, permiten conocer mejor el esp\u00edritu y el contexto de la norma.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Manuel Eiriz Garc\u00eda<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Magistrado<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>JUSTIFICACI\u00d3N Y CIERRE. 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