{"id":1451,"date":"2026-06-04T06:58:13","date_gmt":"2026-06-04T06:58:13","guid":{"rendered":"https:\/\/enjusticia.es\/?p=1451"},"modified":"2026-06-04T06:58:15","modified_gmt":"2026-06-04T06:58:15","slug":"juicios-paralelos-y-veredictos-en-directo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/enjusticia.es\/?p=1451","title":{"rendered":"JUICIOS PARALELOS Y VEREDICTOS EN DIRECTO"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hace poco, al o\u00edr una tertulia en la radio sobre una sentencia del Tribunal Supremo, no pude evitar sonre\u00edr: seg\u00fan se desprend\u00eda de los comentarios, el verdadero problema no estaba en la complejidad del caso, sino en que los magistrados no hab\u00edan llegado a la conclusi\u00f3n \u201ccorrecta\u201d que cualquier oyente atento pod\u00eda alcanzar en unos minutos. Mientras el tribunal lidiaba con el expediente completo, en antena el juicio ya hab\u00eda terminado, con fallo firme y lecci\u00f3n de Derecho incluida. No cabe duda de que vivimos en una \u00e9poca en la que casi cualquier asunto relevante acaba convertido en tema de debate p\u00fablico en cuesti\u00f3n de minutos. Los procesos judiciales no son una excepci\u00f3n: junto al procedimiento que se desarrolla en el juzgado, nace con frecuencia otro proceso paralelo, hecho de titulares, comentarios y opiniones vertidas en tiempo real. En ese espacio informal se dictan veredictos r\u00e1pidos, sin expediente completo ni reglas procesales, pero con gran capacidad para influir en la percepci\u00f3n social de la justicia. Hablo de tertulias, hilos de redes sociales, chats de grupo y audios reenviados. Esa jurisdicci\u00f3n informal no conoce de competencias, plazos ni recursos, pero funciona a pleno rendimiento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El procedimiento es tan sencillo como eficaz: se selecciona un caso (preferentemente con alg\u00fan componente de esc\u00e1ndalo), se escogen dos o tres datos manejables (a veces, ni eso), se adereza con una dosis generosa de emoci\u00f3n y se sirve en caliente. Tiempo aproximado desde que salta la noticia hasta que se dicta el \u201cfallo\u201d: unos minutos. La motivaci\u00f3n queda resumida en un titular, un meme o una frase lapidaria. No hace falta m\u00e1s. Para qu\u00e9 esperar a que un juez lea el expediente, escuche a las partes y aplique la ley, si podemos resolverlo todo en un par de opiniones categ\u00f3ricas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A esto lo llamamos, con cierta elegancia, \u201copini\u00f3n p\u00fablica\u201d. Otras veces, menos diplom\u00e1ticos, hablamos directamente de \u201cjuicio paralelo\u201d. Ojo, conviene aclarar desde el principio algo importante: la cr\u00edtica a las resoluciones judiciales no solo es leg\u00edtima, sino necesaria en una democracia. Las sentencias no son textos sagrados, ni los jueces somos infalibles. Lo discutible no es que se opine, sino que se confunda la opini\u00f3n con una forma alternativa de impartir justicia, en directo y sin intermediarios, como si existiera un canal r\u00e1pido para corregir o sustituir lo que se tramita en los tribunales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El juicio paralelo tiene sus propias reglas no escritas. La primera es que la primera versi\u00f3n que circula suele convertirse en \u201cla verdad\u201d del caso. Quien llega despu\u00e9s con matices o datos adicionales parte ya con un serio h\u00e1ndicap: parece que viene a justificar lo injustificable. Explicar que un auto no es una sentencia, que una medida cautelar no es un veredicto sobre el fondo o que un procedimiento est\u00e1 en una fase muy inicial equivale, para muchos, a ponerse de parte de alguien. En la cultura del \u201cya\u201d, la prudencia se interpreta como complicidad y la precisi\u00f3n como excusa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Otra regla es la penalizaci\u00f3n de la complejidad. Un proceso judicial est\u00e1 lleno de matices: hechos discutidos, pruebas admitidas y denegadas, cuestiones procesales que condicionan el fondo. Todo ello exige tiempo y atenci\u00f3n. En cambio, el juicio paralelo premia lo simple, lo binario: culpable o inocente, absoluto esc\u00e1ndalo o absoluta normalidad. Si algo no cabe en un eslogan o en dos frases contundentes, se percibe como sospechoso. La realidad procesal, con sus grises, no est\u00e1 dise\u00f1ada para triunfar en ese formato.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tambi\u00e9n se confunden con facilidad los planos. Se mezclan la valoraci\u00f3n pol\u00edtica, la simpat\u00eda o antipat\u00eda hacia los protagonistas, los prejuicios sobre determinadas instituciones y el juicio jur\u00eddico propiamente dicho. A veces, cuando se critica \u201ca la justicia\u201d, no se sabe muy bien si se est\u00e1 hablando de una resoluci\u00f3n concreta, de una decisi\u00f3n de un fiscal, de una filtraci\u00f3n interesada, de una declaraci\u00f3n de un representante p\u00fablico o de todo lo anterior a la vez. El resultado es un ruido de fondo constante en el que cuesta distinguir qu\u00e9 forma parte del expediente y qu\u00e9 pertenece al relato. En medio de ese ruido, la posici\u00f3n del juez no es tan c\u00f3moda como podr\u00eda pensarse. No vivimos en una burbuja ajena al clima social. Escuchamos las conversaciones en un bar, leemos titulares, recibimos preguntas de amigos y familiares. Conocemos el impacto medi\u00e1tico de ciertos asuntos. Pero estamos sometidos a reglas diferentes a las del comentarista. La primera de ellas es la obligaci\u00f3n de decidir solo sobre lo que est\u00e1 en el procedimiento y solo cuando el procedimiento llega al momento procesal oportuno. No cuando hay m\u00e1s debate en redes, no cuando se acumulan tertulias, no cuando determinados sectores reclaman una respuesta inmediata. Esa asimetr\u00eda de tiempos es una de las tensiones m\u00e1s visibles entre justicia y opini\u00f3n p\u00fablica. El proceso judicial necesita plazos, tr\u00e1mites, garant\u00edas. El juicio paralelo exige inmediatez. Si una decisi\u00f3n tarda, se interpreta como resistencia; si es r\u00e1pida, como precipitaci\u00f3n. Si un \u00f3rgano judicial adopta una medida cautelar, se presenta como el final de la historia; si la deniega, como una renuncia a actuar. La l\u00f3gica procesal, por definici\u00f3n, no encaja bien en el formato de \u201cveredicto en directo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hay, adem\u00e1s, un desplazamiento silencioso pero preocupante: la presunci\u00f3n de inocencia cede terreno ante la presunci\u00f3n de culpabilidad medi\u00e1tica. Basta con que una persona aparezca asociada a ciertas palabras como \u201cinvestigado\u201d, \u201cregistro\u201d, \u201cprocesamiento\u201d para que se le asigne un papel casi definitivo en la historia. A partir de ah\u00ed, cualquier matiz se percibe como un formalismo sin importancia. Sin embargo, quienes trabajamos en los tribunales sabemos que esas diferencias formales marcan, precisamente, los l\u00edmites de lo que se puede afirmar en cada fase. No se trata de un capricho del lenguaje, sino de garant\u00edas concretas para personas concretas, prescindibles solo si asumimos que a nosotros nunca nos tocar\u00e1 estar en esa posici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Todo esto no significa que los jueces debamos reclamar una especie de silencio reverencial en torno a nuestras decisiones. El escrutinio p\u00fablico es sano; la transparencia en la motivaci\u00f3n, una obligaci\u00f3n. Lo que s\u00ed deber\u00edamos cuestionar es la normalizaci\u00f3n del juicio paralelo como si fuera una segunda instancia informal, m\u00e1s r\u00e1pida y m\u00e1s aut\u00e9ntica que los tribunales. Cuando se da por hecho que la verdadera justicia se decide en el plat\u00f3 o en el trending topic, y que lo que se resuelve en sede judicial es una especie de tr\u00e1mite accesorio, la deslegitimaci\u00f3n del sistema no tarda en llegar. Y, con ella, una desconfianza difusa que todo lo contamina.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por su parte, los medios de comunicaci\u00f3n viven en este terreno su propio dilema. Informar sobre procesos penales, causas medi\u00e1ticas o decisiones controvertidas forma parte de su funci\u00f3n. Renunciar a ello no es una opci\u00f3n. Pero s\u00ed cabe preguntarse por el enfoque: explicar qu\u00e9 se est\u00e1 resolviendo exactamente, qu\u00e9 significa jur\u00eddicamente una resoluci\u00f3n, qu\u00e9 alcance tiene y qu\u00e9 recursos existen. Diferenciar con claridad entre informaci\u00f3n y opini\u00f3n, entre dato y conjetura. Resistir la tentaci\u00f3n de presentar como esc\u00e1ndalo cualquier decisi\u00f3n que no coincide con la expectativa del momento. No es una tarea sencilla, porque la presi\u00f3n por la inmediatez y la necesidad de atraer atenci\u00f3n son muy reales. Pero tambi\u00e9n lo es el coste de contribuir a esa sensaci\u00f3n de que todo es un \u201ccaso\u201d susceptible de juicio sumario.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tampoco los jueces estamos exentos de responsabilidad. A veces nos acomodamos en la idea de que basta con decidir bien y motivar correctamente en el expediente. Sin embargo, la forma en que se perciben las decisiones tambi\u00e9n depende, en parte, de c\u00f3mo las explicamos (cuando podemos hacerlo, claro est\u00e1), del lenguaje que usamos y de la sobriedad con la que ocupamos espacios p\u00fablicos. No se trata de convertir a cada juez en un comunicador, ni de trasladar los debates jur\u00eddicos complejos a titulares f\u00e1cilmente malinterpretables, sino de ser conscientes de que el silencio absoluto, en un entorno saturado de mensajes, puede funcionar como un vac\u00edo que otros llenan a su manera. En una sociedad hiperconectada, en la que todo se comenta y casi todo se simplifica, es f\u00e1cil caer en dos extremos: el de la resignaci\u00f3n (\u201cno hay nada que hacer, esto funciona as\u00ed\u201d) o el del desprecio (\u201cla gente no entiende nada de procesos judiciales\u201d). Quiz\u00e1 la actitud m\u00e1s constructiva pase por un punto intermedio: aceptar que el juicio paralelo existe y seguir\u00e1 existiendo, pero no renunciar a recordar con calma y, si es posible, con un poco de humor que opinar no es juzgar, y que ninguna conversaci\u00f3n, por intensa que sea, puede ni debe sustituir al procedimiento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Porque, al final, de eso se trata: de no confundir espacios. Una cosa es el foro p\u00fablico, donde los ciudadanos debaten, se posicionan, critican y discrepan, y otra muy distinta es el foro judicial, donde se decide sobre la libertad, el honor o el patrimonio de personas concretas. El primero puede permitirse exageraciones, simplificaciones e incluso errores apresurados. El segundo no deber\u00eda. Pretender que el juicio paralelo marque el paso de los tribunales es, en el fondo, renunciar a las garant\u00edas que reclamamos cuando nos afecta de cerca una decisi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tal vez, visto desde fuera, la postura de los jueces resulte poco espectacular: pedir tiempo, reclamar reglas, insistir en los datos completos y en la necesidad de escuchar antes de condenar no genera grandes titulares. No es un eslogan brillante ni un lema de moda. Pero, sin eso, lo que queda es un sistema de veredictos en directo que alivia moment\u00e1neamente la necesidad de tomar partido, a costa de erosionar lo que nos permite vivir en una sociedad en la que los conflictos se resuelven por cauces institucionales y no al calor del comentario del d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Si aceptamos que no todas las frases rotundas son sentencias, ni todas las tendencias de la jornada son jurisprudencia, quiz\u00e1 podamos seguir debatiendo apasionadamente sobre los casos que nos interpelan, sin olvidar que la justicia, la de verdad, se juega en otro lugar: en los expedientes completos, en las salas de vistas, en las resoluciones motivadas. No es tan r\u00e1pido ni tan vistoso, pero sigue siendo la \u00fanica forma de juicio que merece ese nombre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Alicia D\u00edaz-Santos Salcedo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Magistrada. Sala de lo Contencioso-Administrativo del TSJ de Andaluc\u00eda.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hace poco, al o\u00edr una tertulia en la radio sobre una sentencia del Tribunal Supremo, no pude evitar sonre\u00edr: seg\u00fan se desprend\u00eda de los comentarios, el verdadero problema no estaba en la complejidad del caso, sino en que los magistrados no hab\u00edan llegado a la conclusi\u00f3n \u201ccorrecta\u201d que cualquier oyente atento pod\u00eda alcanzar en unos minutos. 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